Psicología: Ira Vs. Tristeza

Poca gente cae en la cuenta de que la ira y la tristeza son la misma cosa, que parten de la misma base. Ambas son emociones profundamente desagradables, pero absolutamente necesarias, cada una cuando toca; no al tuntún.

 

La ira y la tristeza son emociones que podríamos llamar hermanas; parten del mismo punto: ambas se dan ante una pérdida. Cuando hemos perdido algo que para nosotros era importante (trabajo, relación, persona física…) optamos por una de las dos emociones para canalizar esa pérdida. Pero aún siendo hermanas, son evidentemente diferentes.

 

La ira es una emoción explosiva, de descarga, incontrolada. Y así debe ser, y para eso sirve. Para una descarga rápida, para liberar dolor. La ira, como la tristeza, se da tras una pérdida, pero ira sentimos cuando creemos que eso que hemos perdido sigue siendo recuperable. Y hay que prepararse para la batalla, peleando y luchando. No resignándonos.

 

La tristeza es una emoción pasiva, de introspección, controlada. Y así debe ser, y para eso sirve. Para curarnos lentamente, para sanar el dolor. Para curar. La tristeza, como la ira, se da tras una pérdida, pero tristeza sentimos cuando creemos que eso que hemos perdido ya no es recuperable. Y hay que prepararse para el duelo, para asumir, para saber convivir con el dolor. Aprendiendo.

 

Como dije antes, ambas son necesarias, y están ahí porque le son útiles al ser humano. El problema está cuando las usamos mal, o en momentos que no proceden. Algunas veces, cuando rompemos con una pareja, nos empeñamos en recuperarla; y empezamos a combinar una mezcla de tristeza e ira, en la que finalmente es la ira la que gana la batalla y comienza la reconquista. Y no nos paramos a valorar que quizá en la lucha se puedan perder demasiadas vidas.

 

Lo procedente es que al perder algo que nos es querido, primero sintamos ira, para enseguida pasar a la tristeza y así comenzar con el duelo necesario. No es sano abusar de la ira; hay que pelear por lo que uno quiere, sin descanso, pero siendo plenamente conscientes de que eso perdido aún es recuperable.

 

Muchas de las frustraciones tras una pérdida vienen de no saber qué sentir, de sentirnos mal si estamos iracundos, bien si estamos tristes, o viceversa. Lo más sensato es coger la realidad, ponerla sobre la mesa, y sentir en consecuencia. Sentir ira y prepararnos para la pelea, o sentir tristeza y prepararnos para asumir la pérdida. Lo importante es saber discernir bien la realidad. Y luego, repito, sentir en consecuencia.

 

Estar triste cuando procede es sano; estar iracundo cuando procede también. Hay que empezar a conocer nuestras emociones y asumir, que están ahí por algo, para ser sentidas. Y que para algo sirven. Eso sí, usémoslas cuando proceden, sino se convierten en algo absurdo e innecesario que solo estorba y nos hace sentir mal. ¡A sentir!

 Imagen

 

@MarianoBeltran

Acerca de marianobeltran

Psicólogo Clínico, apasionado senderista. Militante PSOE, federalista, feminista. Felizmente enamorado. Doctorando en Psicología.
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