Líderes centrífugos

La solución no es a la chita callando. Esa no es la solución. La solución no es salir fuera para solucionar los problemas de dentro, sin preguntar dentro qué decir fuera. La solución no es contribuir con la plutocracia; la solución debería ser contribuir con la democracia.

 

Líderes mesiánicos a los que las aguas se tragarán por no haber contado con el pueblo de Israel; líderes en las cumbres sin darse cuenta que si la ladera se mueve, la cumbre cae. Inexorablemente.

 

Pánico; miedo por no salir en la foto, o por salir en el lado equivocado. Contribución al régimen. Billetes hacia el extranjero y no billetes hacia el barrio de enfrente. Ganas de ganar, sin preguntar, cueste lo que cueste. Ganas de llegar hasta el final sin saber lo que piensa la ladera de la montaña. Ganas de jugar a la política, y no de hacer política.

 

Milicias dispuestas a cortar cabezas ante el mínimo movimiento; patrones cortados por la misma gente, que no al revés. Excusas baratas e infumables para con una sociedad que nos necesita, para con una militancia que nos necesita. No es tiempo para lo que no sea valiente. No es tiempo para cobardes acomodados.

 

Tiempos raros revestidos de líderes aún más raros. Líderes pretéritos, líderes apolillados. Políticas del quiero pero no puedo; políticas bloqueadas por el mesianismo irracional. Políticas y políticos que no perciben la realidad; una realidad angustiosa que no está para salir fuera a nada, sino para quedarse cerca, hombro con hombro. Aires de grandeza que al tiempo serán vientos de cambio.

 

La responsabilidad es un ejercicio continuo y diario; que no entiende de manos firmes ni corazones fríos. Responsabilidad es asumir el voto; responsabilidad es dejar que las opiniones fluyan, que el debate no tenga límites, que el voto pueda de hecho darse.

 

Lealtad es decir lo que uno piensa, no decir lo que los demás quieren oír. Decir lo que los demás quieren oír es en unos casos, cobardía, en otros, lameculismo. La lealtad no entiende de personas, ya lo dejó caer Sócrates en sus discursos, la lealtad está mucho más apegada a las líneas de la naturaleza que todo eso. Lealtad con los ideales, lealtad con la verdad, con la que cada uno tenga.

 

Aborrezco el absolutismo, los golpes en la mesa, los gritos y los insultos. Menos mal que las historias de lucha justa casi siempre tienen final feliz. Esta no será menos. AL tiempo. Mientras yo me preocupo por lo que pasa aquí. Esa es mi lucha.Image

 

@MarianoBeltran

Acerca de marianobeltran

Psicólogo Clínico, apasionado senderista. Militante PSOE, federalista, feminista. Felizmente enamorado. Doctorando en Psicología.
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