Éticas que matan.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas que nos impiden avanzar hacia una sociedad mejor, aquellas que coartan la libertad del ajeno, exaltando la del propio; aquellas en las que se usa la ley del embudo.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que se va a dar, en las que se aprovecha la debilidad del que no sabe; aquellas en las que la ley del más fuerte se convierte en la ley del que más intriga; aquellas que, con mentiras, pretenden llegar al final.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que se usan chivos expiatorios, en las que a través de terceros se pretende contaminar a una colectividad; aquellas que no entienden de tiempos, sino de fuerza bruta; aquellas que van a matar, a sangre y a fuego.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que la contaminación se convierte en método para conseguir objetivos; en las que la crítica se convierte en excepción, y el fanatismo en dogma; en las que se juega con las emociones ajenas; en las que la pena se transforma en común denominador.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que se cree el ladrón que todos son de su condición; en las que el capullo no se convierte en mariposa; en las que se prostituyen las ideologías por una necesidad de poder; en las que las lenguas envenenadas se muerden.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que se vomitan sentencias, en las que se juzga bajo la superioridad del ego, en las que a sabiendas se pretende enemistar, en las que la intención de maldad se vislumbra.

Hay éticas que matan. Las hay; son aquellas en las que la superficialidad se transforma en método de trabajo; aquellas en las que se desconoce la generosidad, aquellas que sólo van encaminadas a la satisfacciones de los pequeños dictadores.

Hay éticas de mierda. Las hay; son aquellas que pretender hundir a seres humanos; aquellas grandilocuentes que sólo están satisfechas al oírse a ellas mismas; éticas corruptas, éticas de cotas de poder; éticas de no ideología.

 Hay éticas sórdidas. Las hay; son aquellas que pretenden dar lecciones de moral; aquellas que sólo entienden el pensamiento único; aquellas que necesitan cansar a los demás; aquellas que succionan energía a la gente para regodearse en su propia mierda.

Hay éticas valientes. Las hay; aquellas que no ceden al chantaje ni a la provocación; aquellas que hablan más en plural que en singular; aquellas que no se preocupan de lo ajeno, aquellas que entienden de valores y de sonrisas.

Y por último hay éticas ganadoras. Las hay; son aquellas que morirían por una causa; aquellas que hablan de ilusión y la transmiten con los ojos; aquellas que por deseo propio luchan, aquellas que no quieren ganar guerras para seguir engrandeciendo su ego. Y las hay.

Y sí, hay éticas que matan. Porque no saben morir por una causa.  

Acerca de marianobeltran

Psicólogo Clínico, apasionado senderista. Militante PSOE, federalista, feminista. Felizmente enamorado. Doctorando en Psicología.
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