La crítica y los inmovilistas

Decía George Orwell, escritor británico, que la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír. No puedo estar más de acuerdo con él. La gente libre siempre es más incómoda que la que profesa algún tipo de fe ciega y ridícula; ésta última gente siempre tiende a encerrarse en sus propios dogmas y asumir como erróneos o malintencionados el resto.

Quiero reflexionar en este post sobre varias cosas, todas ellas sin relación alguna entre sí. ¿Qué entendemos por unidad? Desde el punto de vista estrictamente filosófico, unidad es aquella parte del ser o de la idea que es indivisible, que no se puede fragmentar sin que su esencia se altere; desde el político ha tenido diversas acepciones: imposición de una doctrina, unión fraternal entre los militantes de la misma ideología, e incluso unión de diferentes frente a un enemigo común; desde el punto de vista lingüístico la Real Academia de la Lengua Española nos dice, entre varias acepciones, que es “unión y conformidad.”. Con tantos significados diferentes, ¿cómo alguien puede apropiarse de la palabra unidad sin alterar el propio concepto? ¿Cómo alguien puede exigir unidad, si la unidad es conformidad cuando hay gente que no está conforme? ¿Cómo se puede criticar a alguien que no se adhiere a una misma línea ideológica pidiendo unidad? ¿No es acaso todo lo contrario? ¿La unidad no debiera darse por cauces naturales? Los líderes que nos exigen unidad, y al mismo tiempo dividen para así crear su propia unidad, debieran estar inhabilitados para liderar cualquier movimiento político o social; no me sirve la ley del embudo.

La coherencia. Otro concepto sobre el que quisiera reflexionar aquí. Coherencia sí que tiene un significado más o menos homogéneo en todas sus vertientes: “conexión, relación o unión de unas cosas con otras.” Adoro a la gente coherente, hasta la que piensa de forma totalmente diferente a la mía; la coherencia es una cualidad poco extendida últimamente, quizá por eso estemos sufriendo como sociedad más de lo necesario. Mucha gente de la que ahora se echa las manos a la cabeza con la salvaje crisis económica, antaño estaba comprándose Mercedes, casas y hasta inviertendo en bolsa. ¿De qué se quejan? Pues de que no pueden seguir con ese ficticio ritmo de vida. Y no son coherentes, porque le echan la culpa a los demás, cuando son ellos parte del problema; buscar culpables casi nunca es la solución, echar balones fuera tampoco.

La crítica. Esa gran desconocida. Decía Tácito que quien se enoja o censura las críticas es porque se las tenía merecidas; lo comparto. El espíritu crítico es el que nos ha hecho evolucionar como sociedad, y la falta de éste es el que está haciéndonos morir. Cuando la crítica se percibe como algo negativo algo está fallando en el sistema: la crítica es la que apuntala al sistema, la que lo pone a punto. Y el espíritu crítico no entiende de lugares: uno no puede ser crítico con los contrarios y permisivo con los propios; porque caería en la incoherencia y de eso ya he hablado. El espíritu crítico va más allá de las trincheras, de los partidos; el espíritu crítico es un estilo de vida, una forma de ver el mundo con ansias de mejorarlo. No se le puede exigir a todo el mundo que tenga espíritu crítico, pero sí le puede exigir a los que lo censuran que al menos dejen de joder.

Y por último el amor, sí, el amor. Ya dije que no tenían relación mis reflexiones de hoy, aunque sí coherencia. El amor crea unidad, es coherente y crítico. ¿Qué es el amor para cada uno de vosotros? Algunos diréis que sois dulces, otros apasionados, otros pasotas y unos pocos os dejáis querer. Pues sinceramente-y aquí ahora haré de psicólogo rancio– todos esos tipos de amor que estáis pensando valen, son válidos. Entonces, a los que jodéis a los que somos críticos, ¿por qué no entendéis que si vuestra forma de amar vale, no pueden valer otras formas de querer, por ejemplo, a un partido político? Quizá esta analogía no sea la más apropiada, pero sí la más directa: amar amamos todos, y de diferentes formas; de igual modo entendemos la política y la vida de diferente forma. No creemos trincheras, simplemente dejemos ejercer, como decía Orwell la libertad de expresión a la manera de cada uno. Gracias.

Acerca de marianobeltran

Psicólogo Clínico, apasionado senderista. Militante PSOE, federalista, feminista. Felizmente enamorado. Doctorando en Psicología.
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2 respuestas a La crítica y los inmovilistas

  1. Esther Clavero dijo:

    Debemos hacer una descripción precisa de este mundo en el que vivimos, es decir, una escueta denuncia de las principales falsedades sobre las que se sostiene este sistema. No asumir la política de la conformidad y hablar con la voz del pueblo, porque el pueblo nunca muere, nos trasciende.

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